La presentación de los estados financieros está por experimentar uno de sus cambios más relevantes en los últimos años. En México, el Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera (CINIF) emitió en diciembre de 2025 la nueva NIF B-3, Estado de resultado integral, mientras que, en el ámbito internacional, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB) publicó en abril de 2024 la IFRS 18, Presentación e información a revelar en los estados financieros.

Ambas normas buscan mejorar la comparabilidad de la información financiera entre empresas y ofrecer mayor transparencia sobre su desempeño, particularmente en la forma en que se presentan los ingresos, costos, gastos y resultados que utilizan la administración, los inversionistas y otros usuarios para tomar decisiones.

Aunque comparten objetivos y mantienen un alto nivel de alineación, existen diferencias importantes en sus fechas de entrada en vigor y en determinados requerimientos de presentación y revelación que las organizaciones deberán considerar.

¿Cuándo entran en vigor estas normas?

La IFRS 18 será obligatoria para los periodos anuales que comiencen a partir del 1 de enero de 2027, mientras que la nueva NIF B-3 será obligatoria en México para los ejercicios que inicien a partir del 1 de enero de 2028. Esta última podrá adoptarse anticipadamente desde 2027, siempre que se aplique conjuntamente con la nueva NIF B-1.

Este desfase es especialmente relevante para las subsidiarias de grupos internacionales que reportan bajo IFRS. En estos casos, la información financiera correspondiente a 2027 deberá prepararse conforme a la IFRS 18, utilizando 2026 como periodo comparativo reformulado, mientras que los estados financieros estatutarios en México podrían continuar bajo la NIF B-3 vigente, salvo que se opte por la adopción anticipada.

Por ello, las empresas deberán evaluar con anticipación sus procesos de reporte y la necesidad de preparar información bajo dos estructuras distintas durante el periodo de transición.

Los principales cambios en la nueva NIF B-3

Uno de los cambios centrales es la reorganización del estado de resultados en cinco categorías: operación, inversión, financiamiento, impuestos a la utilidad y operaciones discontinuadas. Esta clasificación busca que los usuarios identifiquen con mayor claridad de dónde provienen los resultados de una entidad y cómo contribuyen a su desempeño financiero.

Entre las modificaciones más relevantes destacan las siguientes:

1. Desaparece el Resultado Integral de Financiamiento (RIF).

Los intereses, las fluctuaciones cambiarias y los efectos de posición monetaria (REPOMO) dejarán de presentarse agrupados en un único rubro. En su lugar, se clasificarán de acuerdo con la naturaleza y el origen de las partidas que los generan. Por ejemplo, los intereses de préstamos se presentarán en financiamiento, mientras que los rendimientos de efectivo e inversiones corresponderán, generalmente, a la categoría de inversión.

2. Se establecen nuevos subtotales obligatorios.

La norma incorpora la presentación obligatoria de indicadores como la utilidad o pérdida de operación y la utilidad o pérdida antes de financiamiento, además de los subtotales correspondientes antes de impuestos y de la utilidad neta. Esto permitirá contar con una estructura más uniforme para analizar y comparar el desempeño de las organizaciones.

3. Se fortalecen las revelaciones sobre el desempeño financiero.

Las Medidas de Desempeño definidas por la Administración (MDA) adquieren mayor relevancia. Bajo la NIF B-3, las entidades de interés público deberán revelar, en una sola nota, información sobre estos indicadores, su forma de cálculo y su conciliación con el subtotal comparable establecido por las NIF. Esto cobra especial importancia cuando se utilizan métricas ajustadas para comunicar resultados a inversionistas y otros usuarios del mercado.

4. Se precisan los criterios para presentar y agrupar los gastos.

Las empresas deberán evaluar si resulta más útil presentar sus gastos por función, por naturaleza o mediante una combinación de ambos enfoques. Asimismo, se refuerzan los criterios para agrupar y separar partidas, con el propósito de evitar que conceptos con características distintas queden ocultos en rubros genéricos como “otros”.

En conjunto, estos cambios implican revisar no solo la presentación de los estados financieros, sino también la forma en que las organizaciones clasifican y generan su información contable.

¿Qué tan alineadas están la NIF B-3 y la IFRS 18?

La nueva NIF B-3 presenta un alto nivel de convergencia con la IFRS 18, especialmente en la clasificación de resultados, los criterios de presentación y la incorporación de subtotales relevantes. Sin embargo, existen diferencias puntuales que deben analizarse cuando una entidad prepara información financiera bajo ambos marcos.

Entre ellas destacan el tratamiento del REPOMO, el alcance de las revelaciones sobre gastos por naturaleza y las obligaciones relacionadas con las Medidas de Desempeño de la Administración. También existen diferencias en el tratamiento del EBITDA o UAFIDA como indicador de desempeño, por lo que las empresas deberán revisar cómo se definen y comunican estas métricas.

Por lo tanto, aunque la convergencia entre ambas normas facilita la preparación de información financiera comparable, no elimina la necesidad de identificar y documentar los ajustes específicos que correspondan a cada marco contable.

¿Cómo pueden prepararse las empresas?

La implementación requiere una planeación anticipada y la participación coordinada de las áreas de finanzas, contabilidad, impuestos, tesorería y sistemas, entre otras.

Como primeros pasos, se recomienda:

  • Evaluar el impacto: identificar qué cuentas y partidas cambiarán de clasificación y cómo se modificarán los subtotales del estado de resultados.
  • Revisar los sistemas de información: determinar si el catálogo de cuentas y los sistemas contables permiten identificar los intereses y las fluctuaciones cambiarias según su origen.
  • Analizar los indicadores financieros: revisar métricas como el EBITDA o UAFIDA, así como los indicadores utilizados en reportes a inversionistas, bancos y otros grupos de interés.
  • Preparar la transición: definir si conviene adoptar anticipadamente la NIF B-3, preparar información comparativa y actualizar las políticas contables, los manuales y los procesos de reporte.
  • También es importante evaluar los posibles efectos en contratos de crédito, indicadores internos y esquemas de compensación vinculados con la utilidad de operación u otras métricas financieras.

Cabe señalar que estos cambios corresponden principalmente a la presentación y revelación de la información: la adopción de la nueva NIF B-3 no modifica por sí misma la utilidad neta ni el capital contable, aunque sí puede generar variaciones relevantes en subtotales como la utilidad de operación.

Una oportunidad para fortalecer la información financiera

La entrada en vigor de la nueva NIF B-3 y la IFRS 18 representa una oportunidad para mejorar la calidad, consistencia y transparencia de la información financiera. Sin embargo, alcanzar una transición ordenada dependerá de que las empresas identifiquen oportunamente las diferencias, adapten sus sistemas y evalúen los efectos en sus reportes y procesos de toma de decisiones.

En RSM podemos acompañar a las organizaciones mediante diagnósticos de impacto, mapeo del catálogo de cuentas, preparación de estados financieros proforma bajo ambos marcos y evaluación de la adopción anticipada, de acuerdo con las necesidades particulares de cada entidad.

¿Deseas conocer a detalle los cambios, las diferencias entre ambas normas y las recomendaciones para su implementación?

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C.P.C. Alejandro López Prado
Socio de Auditoría
RSM México
C.P. y CIA Cristina Sanguino
Directora de Consultoría
RSM México

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