A medida que las empresas del mercado medio adoptan cada vez más servicios en la nube, inteligencia artificial (IA) y tecnologías conectadas, deben abordar el reto de reforzar la ciberseguridad sin ampliar de forma significativa sus equipos internos.
La mitad de las organizaciones consultadas en la Encuesta sobre Ciberseguridad en Latinoamérica 2026 de RSM dicen contar con dos colaboradores o menos dedicados a la seguridad y la privacidad de los datos. Para los equipos reducidos, no es viable desarrollar todas las capacidades internamente. Es así que muchas empresas están adoptando un modelo operativo híbrido en el que un pequeño equipo interno se encarga de la ciberseguridad, al tiempo que recurren a proveedores externos para obtener conocimientos especializados y capacidades adicionales.
Esto puede constituir un enfoque sólido, pero la capacidad externa solo genera resiliencia cuando la responsabilidad interna sigue estando clara. A continuación, explicaré cómo las empresas del mercado medio pueden mejorar su madurez cibernética y crecer de forma eficaz con un modelo híbrido.
¿Qué servicios tercerizan los equipos de ciberseguridad reducidos?
Las organizaciones suelen recurrir a apoyo externo para obtener conocimientos especializados o una cobertura continua. Según el 24 % de los encuestados, la supervisión del Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) es la actividad que más se externaliza, seguida de la gestión de vulnerabilidades (23 %) y la gestión de la seguridad en la nube (20 %).
La supervisión de las amenazas las 24 horas del día, la identificación de vulnerabilidades en un entorno tecnológico cada vez más amplio y la adaptación a los entornos en la nube en constante evolución requieren una capacidad que puede resultar difícil de mantener para un equipo interno compacto. Los proveedores externos ofrecen a las empresas del mercado medio acceso a esos recursos necesarios.
Sin embargo, la externalización de determinadas capacidades no debe restar responsabilidad en materia de ciberseguridad. A medida que más funciones se tercerizan, los equipos internos de ciberseguridad deben dirigir cada vez más esas capacidades y vincular las actividades de seguridad con las prioridades empresariales. Para ello es necesaria una sólida gobernanza.
¿Cómo se gestiona un modelo híbrido de ciberseguridad?
En primer lugar, los equipos internos deben definir claramente quién es el responsable del trabajo y quién asume el riesgo. Aunque los especialistas externos pueden supervisar los sistemas o responder a los incidentes, el equipo interno debe encargarse de establecer las prioridades, la tolerancia al riesgo y los procedimientos de escalado.
Sin esa claridad, la tercerización puede agravar una gobernanza deficiente. Un proveedor puede cumplir al pie de la letra con lo estipulado en el contrato, pero la empresa seguirá estando expuesta si un riesgo queda fuera del alcance acordado, si las responsabilidades se solapan o si nadie se hace cargo del siguiente paso. Los puntos en los que el trabajo pasa de los equipos internos a los externos son especialmente importantes. Una alerta, por ejemplo, solo tiene valor si hay alguien responsable de investigarla.
Por ese motivo, la gobernanza de los proveedores debe convertirse en una capacidad interna por derecho propio. Las organizaciones deben definir quién toma las decisiones, qué información necesitan, con qué rapidez deben adoptarse las medidas, quién verifica la resolución y cuándo debe elevarse un problema a un nivel superior. Los niveles de servicio deben centrarse en los resultados en materia de seguridad, más que en la mera actividad.
Además, las empresas deben poner a prueba esos planes. La participación de los proveedores clave en simulacros puede poner de manifiesto lagunas en las responsabilidades y en los procedimientos de escalado antes de que se produzca un incidente real.
Una vez establecida la rendición de cuentas, la siguiente prioridad es desarrollar capacidades especializadas sin añadir más complejidad de la que un equipo reducido pueda gestionar de forma eficaz.
Cómo crear un modelo de ciberseguridad que pueda adaptarse a las necesidades
Escalar un modelo híbrido de ciberseguridad es, cada vez más, un desafío de personas tanto como de tecnología. Las empresas del mercado medio necesitan talento en ciberseguridad que entienda la organización, pueda evaluar el riesgo empresarial y esté preparado para tomar decisiones de seguridad fundamentadas.
Debido a que las prioridades en materia de ciberseguridad trascienden las fronteras tradicionales de las organizaciones, esto cobra aún mayor importancia. Los datos de la Encuesta sobre Ciberseguridad en Latinoamérica 2026 de RSM señalan a la gestión de la superficie de ataque (39 %), la resiliencia y la recuperación (38 %) y la seguridad en la nube (38 %) como sus principales iniciativas. Cada una de ellas puede requerir conocimientos especializados, pero ninguna puede gestionarse de forma eficaz por un único proveedor de forma aislada.
La gestión de la superficie de ataque depende de disponer de información precisa sobre los activos de toda la empresa. La recuperación requiere la coordinación entre los equipos tecnológicos y los responsables operativos. A su vez, la seguridad en la nube viene determinada por la forma en que se configuran y utilizan las plataformas en las distintas funciones. Es así que, los equipos internos deben comprender cómo estas dependencias afectan al negocio, coordinar la respuesta adecuada entre las distintas funciones y proveedores, y determinar cuándo se necesitan herramientas o capacidades adicionales.
Sin embargo, es importante señalar que incorporar más proveedores externos no es la solución milagrosa. La proliferación de proveedores conlleva sus propios riesgos, entre los que se incluyen traspasos adicionales, flujos de datos, dependencias y requisitos de supervisión. Para un equipo interno reducido, la complejidad puede volverse rápidamente difícil de gestionar.
Al convertir la simplicidad en un principio de diseño, los equipos de ciberseguridad pueden crear un modelo operativo con la suficiente profundidad especializada como para poder ampliarse, sin dejar de ser lo suficientemente claro como para que el equipo interno pueda coordinarlo y controlarlo.
La ciberseguridad como capacidad organizacional
Para las empresas del mercado medio de América Latina, reforzar la ciberseguridad pasa por saber qué capacidades deben gestionarse internamente, en qué ámbitos la experiencia externa aporta valor añadido y quién es el responsable último de los riesgos.
A medida que aumenten las necesidades en materia de ciberseguridad, los equipos reducidos asumirán un papel más estratégico a la hora de marcar el rumbo y gestionar el apoyo externo, manteniendo la simplicidad y una responsabilidad clara para que los modelos híbridos puedan ampliarse.
Las organizaciones que tengan éxito podrán acceder a conocimientos especializados sin perder el control ni generar una complejidad innecesaria. Como resultado, la ciberseguridad se convierte en una capacidad que respalda la resiliencia y el crecimiento sostenible en toda la empresa.