“Para que la innovación sea exitosa, debe estructurarse como un proceso sistemático en el cual las personas sean el factor clave”, señala Juan Pablo Montero, socio de la firma. 

“Hace tiempo que la aceleración del entorno exige a las organizaciones dinamizar la forma en que innovan. Antes se proyectaban transformaciones estratégicas a tres o cinco años; hoy, la dinámica del mercado, dependiendo de la industria o del sector en el cual se opera, exige creatividad e innovación constante y sin pausa —explica Juan Pablo Montero, socio de Consultoría de RSM Argentina—. 

 

Juan Pablo Montero, socio de Consultoría de RSM Argentina

“En Argentina, la creatividad es transversal; el gran desafío es transformarla en inversión sostenida, tecnología aplicada y productividad real”.

Esto impactó de lleno en la forma de trabajar. Por un lado, desarmó las estructuras estáticas: ya no se puede tener un área de innovación aislada imaginando el futuro. Hoy se necesita que sea una capacidad transversal, con equipos integrados por distintas áreas desde el día uno para acelerar el cambio y asegurar los objetivos de negocio. Por otro lado, se pasó a un escenario en el cual se prueba y se aprende en tiempo real mediante la experimentación continua, lo que permite reaccionar con agilidad y ajustar el rumbo sobre la marcha. Sin embargo, esto conlleva un peligro: actuar sin un objetivo claro. Siempre se debe tener en cuenta cuál es el propósito del cambio y cómo afecta a la industria en la cual se intenta innovar”, dice Montero. 

— En términos generales, en la Argentina, ¿la innovación en las organizaciones es un proceso sistemático o depende en gran medida de personas o equipos específicos?

Para que la innovación sea exitosa, debe estructurarse como un proceso sistemático en el cual las personas sean el factor clave. Que sea sistemático no significa limitar la creatividad; debe haber espacio para idear y experimentar, pero dentro de un marco claro. Esto implica definir responsables, objetivos, plazos de ejecución y mecanismos de rendición de cuentas. Limitar la innovación a personas o equipos aislados genera un riesgo grande: que no se logre el cambio cultural que esta transformación requiere. Cuando la innovación está desconectada de la cultura de la organización, el riesgo de fracaso es muy elevado. Por eso, debe ser un esfuerzo transversal que involucre a todas las áreas, identificando en cada sector a los líderes capaces de impulsar y acompañar el proceso desde adentro. Y, fundamentalmente, todo este esquema debe estar orientado al cliente o consumidor, que es en quien debe verse reflejado el impacto del cambio. 

Puntos en común de la innovación que prospera

— ¿Qué patrones presentan las organizaciones que innovan de manera exitosa, más allá del sector o el tamaño?

Existen ciertos denominadores comunes. En primer lugar, innovan a partir de un propósito y un plan estratégico bien definido. Tienen claro su norte y sus objetivos, evitando dejarse llevar por modas o por la presión de adoptar tecnologías solo por tendencia. En segundo lugar, poseen un entendimiento profundo de cómo opera su sector y de las necesidades particulares de sus clientes. No aplican recetas genéricas y analizan la dinámica de su industria o sector para diseñar soluciones que generen valor real. Por último, existe una alineación constante entre la innovación y la cultura de la organización, evitando que funcionen de manera desconectada. Más allá del sector o el tamaño, entienden que no se puede dejar afuera a las personas; son ellas quienes conocen los procesos en detalle, aportan experiencia clave para identificar ineficiencias y hacen posible la implementación efectiva de cualquier transformación. 

— ¿Hay sectores de la economía argentina que estén innovando mejor que otros?

En todo caso, hay sectores que están innovando con mayor velocidad o consistencia. Esto se observa en el sector tecnológico, la energía, minería y los segmentos industriales vinculados a cadenas globales. No ocurre necesariamente porque tengan más creatividad que otros, sino porque operan en entornos en los que innovar es una condición para competir: necesitan escalar, exportar, responder a clientes sofisticados y cumplir estándares internacionales. En sectores más orientados al mercado interno, la innovación es igual de crítica, especialmente para quienes deben competir con productos importados, pero suele tener menor visibilidad externa. Allí el foco muchas veces está en digitalizar procesos, automatizar tareas, mejorar la gestión, usar mejor los datos y reducir costos operativos. Es una transformación valiosa y más que necesaria, aunque menos evidente hacia afuera. Finalmente, estas diferencias se explican también por el ecosistema. Si hay talento técnico, proveedores tecnológicos, financiamiento, demanda sofisticada y reglas relativamente previsibles, la adopción avanza más rápido. En Argentina, la creatividad es transversal; el gran desafío es transformarla en inversión sostenida, tecnología aplicada y productividad real en un mayor número de sectores, especialmente en las pymes.

*Publicado en Revista Mercado N°1271