Nuestro socio Fernando Cacho analiza cómo, en el ámbito urbanístico, el principal riesgo de los grandes proyectos ha dejado de estar en su diseño para situarse en su tramitación administrativa. La complejidad del procedimiento, la falta de coordinación entre informes y la centralidad de la evaluación ambiental convierten el proceso en un factor decisivo que condiciona la viabilidad de las inversiones.
El riesgo no está en el proyecto, sino en el procedimiento
El problema no es el modelo de ciudad. El problema es si el proyecto llega a materializarse. En el ámbito urbanístico, la decisión inversora se adopta hoy menos en función de la calidad del plan que de la probabilidad de que el procedimiento sobreviva.
El riesgo se ha desplazado del contenido a la tramitación. Y cuando el riesgo es esencialmente procedimental, no se gestiona con visión estratégica, sino mediante cautelas defensivas, plazos inciertos, inseguridad jurídica y un coste económico difícilmente previsible.
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