Después de casi ocho años de su momento de euforia, Blockchain ha dejado de ser una simple promesa revolucionaria genérica para convertirse en una tecnología madura, aunque hay bastante nebulosa a su alrededor.
De alguna forma, es necesario definir un punto de partida que nos permita comprender que Blockchain, como tal, no es una solución universal, sino que es lisa y llanamente un mecanismo de registro distribuido e inmutable que aporta valor cuando hay múltiples partes que no se conocen entre sí, que a su vez necesitan compartir algún tipo de información confiable, y, por último y muy importante, no quieren depender de un intermediario como lo podría ser un Banco Central.
Un error muy común es confundir Blockchain con criptomonedas ya que son dos cosas relacionadas, pero claramente distintas.
Las criptomonedas son activos que viven sobre redes Blockchain, mientras que la Blockchain como tecnología puede y de hecho lo hace perfectamente, operar sin criptomonedas de por medio.
Para una mejor visualización, resulta interesante citar algunos ejemplos con casos de uso real al día de hoy como:
Tokenización de activos financieros
Deuda soberana, fondos de money market y activos alternativos representados como tokens. De hecho algunos de los principales fondos, actualmente, ya operan en producción sobre Ethereum y redes privadas.
Trazabilidad en cadenas de suministro
Importantes cadenas del mundo retail ya trackean productos desde origen hasta punto de venta con esta tecnología.
Identidad digital y credenciales
Esto permite emitir y verificar certificados y diplomas, licencias y/o credenciales sin intermediarios.
Pagos y liquidación sin fronteras
Es el caso utilizado con algunas “stablecoins” que permiten reducir los clásicos tiempos de liquidación de tres días a segundos, con costos marginales.
Cumplimiento regulatorio y AML / PLAFT
Registros inmutables de transacciones facilitan la trazabilidad requerida por el GAFI y las normativas locales. Un problema latente es el cumplimiento de la famosa “Travel Rule”.
Esta regla no nació con Blockchain, sino que viene del mundo bancario tradicional donde se establece que al transferir dinero entre instituciones financieras, hay cierta información del ordenante y del beneficiario que deben viajar junto con la transacción y, en la banca tradicional, esto funciona a través del SWIFT.
En lo que refiere a Blockchain, las transacciones son pseudoanónimas por diseño y hay campos que, literalmente, no existen. Este punto se ha resuelto, aunque parcialmente, con el diseño de distintos protocolos paralelos, “off chain” para transmitir información entre los PSAV (Proveedores de Servicios de Activos Virtuales).
¿Qué deberían hacer las organizaciones?
Antes de iniciar cualquier proyecto blockchain, hay tres preguntas deben tener su respuesta afirmativa:
1. ¿Existen múltiples partes sin confianza mutua que deben compartir datos?
2. ¿La inmutabilidad del registro aporta valor comprobable al negocio o al proyecto?
3. ¿Los costos de implementación y mantenimiento se justifican frente a alternativas tradicionales?
Si las tres respuestas resultan afirmativas, Blockchain es un serio candidato para ese negocio o proyecto, pero si una sola de las respuestas es negativa, probablemente haya una solución más adecuada y menos costosa.
En resumen, claramente, Blockchain no necesita ser defendida ni atacada, pero, en cambio, si debe ser evaluada con el mismo rigor con que se evalúa cualquier decisión de infraestructura tecnológica: análisis de costos, beneficios medibles, riesgos concretos y alineación con la estrategia del negocio.
Aquellas organizaciones que la adopten bajo ese criterio capturarán valor real, mientras que aquellas que lo hagan por presión de tendencia o por miedo a quedarse atrás, probablemente paguen un costo de aprendizaje innecesario.
La tecnología ya ha demostrado que funciona. La pregunta relevante ahora es cuándo, dónde y para quién.